Una Generación de Niños Especiales

Published on Marzo 14th, 2013

 

¿Cómo justificar que de entre toda la oferta televisiva lo que más te gusta siguen siendo las animaciones? Sí, siempre hubo buenos argumentos: desde Robotech, pasando por Rem y Stimpy, hasta Padre de Familia. Pero eran casos aislados, de diversos momentos y canales, pensados para distintos públicos.
Hoy, sin embargo, gracias a la cantera de Cartoon Network podemos decir una cosa por seguro: las animaciones son mucho mejores que las de nuestra infancia. Podemos, también, arriesgar un poco más: nuestros hijos ven mejores contenidos que nosotros.


El reino del revés

Cuando le preguntan a James Garland “J.G.” Quintel (30 años, creador, dibujante, guionista y actor de Un show más) cuál es la fórmula de una buena serie animada, responde mostrando un esquema de la vieja escuela: “Son tres actos. El primero se lleva el 25 % del capítulo: mostrar a los personajes en equilibrio, para luego definir su objetivo-problema (qué quiere, qué necesita).  Segundo acto, 50 % del tiempo, el personaje comienza su viaje para resolver el problema, in crescendo hasta llegar al clímax. Último acto, 25 % del tiempo restante, clímax de la historia, el personaje resuelve el problema, vuelta al equilibrio”. Sabe que está mintiendo, al menos un poco.  Cada capítulo de The Regular Show y de Adventure Time (creada por Pendleton Ward −también de 30 años−, la gran serie del momento, con la que comparten el prime time de Cartoon Network) puede usar ese esquema como base, pero solo para romperlo y transformarlo, todo el tiempo.

Es que una de las grandes ventajas de las historias de animación de las nuevas generaciones es la libertad. A diferencia de los dibujos de los años 60 y 70 (Bugs Bunny, El Inspector Ardilla, El Gallo Claudio, El corre caminos, La Hormiga Atómica, Tom y Jerry), cuyos argumentos giraban en torno al elemento más básico de guión –la persecución en alguna de sus formas− y aquellas con desarrollo de personajes e historias un poco más complejo (Los Picapiedras, los Supersónicos, Don Gato o Los Pitufos), pero cuyos personajes siempre se encuentran confinados a una “lógica con su entorno”, las animaciones de Ward y Quintel explotan al máximo las posibilidades que les brindan las técnicas combinadas de animación. Además, y sobre todo, crean historias y mundos en los cuales sus personajes se mueven libremente y cuyas reglas pueden variar, todo el tiempo. “Es animación, y podés hacer cualquier cosa”; “hago cosas que me hubieran gustado cuando era niño, cosas que le hagan volar la cabeza a los chicos”.  Quintel y Ward dixerunt, respectivamente.

Finn-and-Jake

La Tierra de Ooo y un Parque

Para los que nunca vieron Hora de Aventura, una breve reseña: Finn (un adolescente humano) y Jake (un perro con poderes mágicos) habitan la Tierra de Ooo (un mundo surgido luego de la “guerra de los hongos”), rodeados de personajes surrealistas (animales mutantes y golosinas parlantes) y una serie de personajes de cuentos (Princesas buenas y malas, un Rey Helado, vampiros y BMO –una consola de videojuegos con vida propia−). En palabras de su creador, toda la serie, en verdad, se basa en “dos buenos amigos que conversan como amigos normales… aunque no suene como un guión muy vendible”. El punto es definir qué entiende Pendleton por normalidad. Por ejemplo, en el mejor episodio de la Temporada 1 (El Enchiridion), Finn debe atravesar un bosque encantado para hacerse del libro de la sabiduría de los héroes, sorteando peligros tales como gnomos que matan ancianas con rayos que, al decir de su amigo Jake, “no son más que alucinaciones para confundir tu cabeza”.

Para los que no vieron Un Show Más, la historia gira alrededor de, también, dos amigos −un arrendajo azul (ave de la  familia de los córvidos, al parecer muy comunes en Europa) llamado Mordecai y un mapache llamado Rigby−, que trabajan como jardineros en un parque (lugar donde se desarrollan todas las escenas y del que nunca salen). Hasta aquí, normal. La cosa comienza a ponerse rara cuando completamos el elenco: su jefe es Benson (una máquina de chicles); sus compañeros de trabajo son Skips (un yeti), un fantasma con una mano en la cabeza, una cabra… la aparente calma del entorno ya no es tal, y los anclajes con un mundo estable casi imposibles.

Por: Luis Sotomayor

 

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