Sara Facio. La realidad en blanco y negro

Published on octubre 23rd, 2014

Efecto Kuleshov convocó  a la fotógrafa Jimena Salvatierra para realizar un retrato de Sara Facio. Nos recibió en la oficina de La Azotea, la editorial fotográfica que fundó en 1973 y aún dirige. El arte de vivir la fotografía narrado por la cronista.

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Es viernes a la tarde en Buenos Aires. Es justo ese momento donde el invierno se toma vacaciones y parece dejarle la tarea a una primavera joven y  temprana pero  contundente  en su manifestación, que se extenderá por un tiempo impreciso.

Pienso a menudo  en tiempos de metamorfosis. Barrio Norte es el barrio donde me crié .Y ahora estoy en la puerta del edificio donde Sara Facio tiene su estudio: es de hierro y vidrio, pesada. En el pasillo, el mármol  te recuerda que sigue siendo invierno.

Una puerta se abre, alguien joven, calmo y sonriente nos recibe y nos indica el camino. Pasen al fondo, los va a recibir. Adelante.

Todo huele a óleo 31.

Casi  coreografiado, en  perfecto timming, ingresamos a la  habitación los cuatro. Nosotros tres y ella.

La biblioteca cubre  toda la pared de la habitación, está llena de libros, objetos, postales y fotos. Entra una luz tenue por la puerta ventana que da al patio interno. Sara tiene un pulóver rosa subido que contrasta con su cabello blanco.

Después de tantas entrevistas sobre las mismas cosas, ya no sé qué decir. A Julio le encantaría que invente cualquier macana.

Cortázar es Julio para Sara. A lo mejor es la oportunidad de empezar a inventar. Se ríe. Con esa sonrisa damos por comenzado nuestro encuentro. Y avanzamos sobre la formación en artes visuales y el espíritu de la época.

Cuando estaba terminando la primaria, las maestras me impulsaron a ir a la Escuela Nacional de Bellas Artes, porque veían que tenía mucha facilidad para el dibujo. Era una niña. En mi casa por suerte eran muy abiertos, como deben ser hoy los padres, no como eran en mi época. Ingresé a Bellas Artes.

Era todo práctico. Las horas de dibujo, eran como tres o cuatro horas por día, con un tablero, con carbonilla. Venía el profesor, te borraba todo y tenías que empezar de nuevo.

Me gustaba el ambiente. Las compañeras nos eran “Susanitas”. Eran chicas que tenían interés por otro tipo de estudios y de vida. Por la forma en que íbamos vestidas nos miraban por la calle. Teníamos unos delantales todos sucios llenos de carbonilla y de pintura. Hoy pasaríamos inadvertidas. Lo hacíamos a propósito, de rebeldes. Los profesores también eran diferentes. Eran artistas o intelectuales.

En el 55 me gané una beca para continuar los estudios en Europa. En un ambiente casi de postguerra. Con Alicia D´Amico, que después fue mi socia, fuimos a Alemania, y estuvimos en Colonia y en Munich. Estaba todo destruido. Recién se estaban levantando las construcciones y empezaba toda la producción. Por eso me hice fotógrafa: porque las empresas que habían salido de la guerra vendían las cámaras a precio bajísimo: Agfa,  Voigtländer, Leica. Como ahora se compran el teléfonito o la tablet,  todos los jóvenes nos comprábamos la cámara.

¿Qué cámara compraste?

Agfa Super Silette, con telémetro, que medía la distancia.

Panorama_sin_título1 copia bajaEl encuentro con las primeras muestras de fotografía de autor redimensionaron  su percepción de las manifestaciones artísticas.

El papá de Alicia tenía un estudio fotográfico. Hacía fotos carnet, fotos para novias. Y Alicia no quería saber nada con eso, era un comercio, como si el padre tuviera una zapatería.  Entonces, en Alemania, vimos por primera vez una exposición de Otto Steinert. Yo veía que exhibían bien fotos que estaban movidas, y entonces me empezaban a explicar lo que era subjetivo. Me di cuenta que era otro lenguaje, un camino nuevo a seguir. Archivamos la pintura, pero Bellas Artes nos dio una base extraordinaria. La forma de ver, de actuar, de ponerse ante los artistas, y estar inmerso en el mundo cultural visual.

Todo fue diferente cuando volvió. Revelaron algunas fotos pero en las primeras copias Sara empezó a ver que no era lo que había sacado. Entonces acudieron al laboratorio del papá de Alica D´Amico.

Le di como ejemplo al papá de Alicia un paisaje. Tiene todo el cielo blanco y cuando saqué las fotos había unas nubes. Me dijo: “Tráigame Sarita el negativo. Esto es porque la copia está mal hecha. Todo lo que está en el negativo, tiene que salir en la copia. Si acá hay nubes y en la foto papel no está es porque la copia está mal hecha”. Le pregunté: ¿Cómo se hace eso? Ahí entré al laboratorio por primera vez. Y no salí más.

¿TE QUEDASTE CON GANAS DE MÁS?