Santa Maravilla

Published on noviembre 3rd, 2014

En el barco, Raymundo Gleyzer volvía muy enfermo. Casi no podía levantarse, las hemorragias provocadas por la úlcera lo habían debilitado y el pronóstico no era nada alentador. Volvía de ser el primer periodista argentino que filmó en las Islas Malvinas, enviado por el servicio de noticias de canal 13 para el noticiero Telenoche. Los malvinenses le habían abierto las puertas de sus casas, compartido su cotidianidad y le habían recomendado que se subiera al barco que estaba a punto de arribar, porque el próximo llegaría recién dentro de un mes, y no podían asegurarle que estuviera vivo entonces. Con la franqueza de los momentos límites, el Capitán informó: “lamento mucho tener que decirle esto, pero si usted se muere, lo vamos a tener que tirar al mar”. Raymundo les pidió que no tiraran sus películas y les anotó la dirección a dónde llevarlas. Sobrevivió al viaje y pronto se recuperó, pero estuvo muy cerca de ser sepultado en la oscuridad del mar.

Cinco años después, la Dirección Municipal de Turismo de una ciudad balnearia le encargó un documental institucional para que visitemos otro mar, en realidad, el mismo. El cortometraje, cuya copia fue encontrada recientemente, comienza así: Arenas de antiguos naufragios, cuna de las almejas. No hace muchos años, aquí reinaba el médano, hasta que el hombre descubrió la playa, levantó la maravilla y le puso nombre: Santa Teresita.

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La patria del cielo
Santa Teresita, la ciudad balnearia toma su nombre de María Francisca Teresa, monja carmelita francesa, nacida el 2 de enero de 1873. Hija de padre relojero y madre costurera, Teresita era la menor de cuatro hermanas. Cuando tenía tan solo cuatro años su madre muere y se van a vivir al cuidado de su tía materna. Teresita cuenta en su autobiografía que, a pesar de sus pocos años, tiene muchos recuerdos de su madre. En la historia de mi alma, hasta mi entrada en el Carmelo, distingo tres períodos bien definidos. El primero, a pesar de su corta duración, no es el menos fecundo en recuerdos. Se extiende desde el despertar de mi razón hasta la partida de nuestra madre querida para la patria del cielo.

El abuelo de Rosana, dueña de una esquina hermosa que desde hace muchos años se transformó en un restorán ubicado en el centro de Santa Tersita, trabajó como agrimensor con Lázaro Freidemberg, el fundador del pueblo. Fue mi abuelo el que diseño el trazado de las calles, fue la primera persona a la que Lázaro contacto cuando se le ocurrió fundar Santa Teresita. Para los habitantes de este balneario Lázaro Freidemberg fue una persona muy querida, todos hablan de él con respeto y admiración, casi rindiéndole pleitesía, tal vez sientan que les deben su lugar en el mundo. Rosana ama Santa Teresita y conoce la historia del balneario como si la hubiese vivido toda. Le pido que me cuente su historia y me cuenta la del pueblo. Es que ella es de acá. Desde el Faro de Punta Rhasa hasta la avenida 32, todas esas tierras, la franja costera más hacia el fondo que era todo campo eran de los Quiroga Leloir, de la calle 32 hasta la diagonal Rivadavia de Mar de Ajo era de los Leloir, o sea esto incluído, de la costa hacia adentro, y de esa diagonal hasta el faro de punta médanos era de los Cobos Ramos Mejia. De faro a faro 3 familias. Pero los pionero en la actividad turística fueron los Quiroga Leloir. Ellos tenían la Estancia del tuyú, ubicada donde ahora está el camping Estancia del Carmen, que es el único que tiene salida al mar. Ahí, los Quiroga Leloir, tenían búngalos que usaban para invitar a sus amigos y conocidos: abrían el candado de la tranquera y pasaban a la playa. Ahí, en ese lugar, veraneaba el premio nobel en química Luis Federico Leloir.

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Me intriga saber desde cuándo tiene el restorán, y, avergonzada, me dice que a la casa se la conoce como “la rosadita”, así que imaginate de qué época te estoy hablando. Del 92. Ese verano de ausencias registradas en letras sin sutilezas, compraron la casa. La compramos con un departamento que tenía mi marido en caballito, con promesas y milagros.

Teresita se enfermó de tuberculosis. En junio de 1897 fue trasladada a la enfermería del convento de la que no volvió a salir. Murió el 30 de Septiembre de ese año. Fue beatificada en 1923 y canonizada en 1925. El culto a esta santa comenzó a crecer con rapidez. Los milagros hechos gracias a su intercesión atrajeron la atención de los cristianos del mundo entero.

Durante toda mi vida, Dios ha querido rodearme de amor. Mis primeros recuerdos están impregnados de las más tiernas sonrisas y caricias… Pero si él puso mucho amor a mi lado, también lo puso en mi corazón, creándolo cariñoso y sensible. Y así, quería mucho a papá y a mamá, y les demostraba de mil maneras mi cariño, pues era muy efusiva.. Sólo que los medios que empleaba, a veces eran raros, como lo demuestra este pasaje de una carta de mamá: «La niña es un verdadero diablillo, que viene a acariciarme deseándome la muerte: “¡Cómo me gustaría que te murieras, mamaíta…!” La riñen, y me dice: “¡Pero si es para que vayas al cielo! ¿No dices que tenemos que morirnos para ir allá?” Y cuando está con estos arrebatos de amor, desea también la muerte a su padre»

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De la pesca
Hay quienes tienen otras preocupaciones sobre el sólido muelle de Santa Teresita, preocupaciones que se llaman corvinas, pejerreyes, lisas, brótolas, cazones. Una tentadora proposición para el almuerzo.

¿Cómo se llama?
Melqui, en realidad Melquita. Me lo regalaron como macho pero es hembra.

El que habla es Christian, un extenista del norte de la ciudad de Bs As que dejó todo por venir a Santa Teresita a vivir de la pesca. De la pesca artesanal. Milqui es el loro. En realidad, la lora.  La pesca artesanal es aquella que es con tracción a sangre, es una pesca selectiva: según el tamaño de la red tenés el tamaño del pescado o la especie que querés pescar, el pescado más chico pasa y el pescado más grande rebota. Tenés que entrar con la embarcación al mar, se anclan las redes. A veces se dejan de un día para el otro, y hay que ir a buscarlas. Todo es a mano, entonces los volúmenes de pesca no son los comerciales, son menores.

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Christian, de madre Alemana y papá de la Fuerza Aérea tenía una vida normal en Buenos Aires. Después de estudiar un año de Veterinaria y tres de Ciencias Económicas, había conseguido un trabajo en la empresa alemana Siemens. En costos. Ocho horas de camisa y corbata. Como estaba un poco aburrido estudió un año de educación física. Siempre  me dediqué al tenis, con 17 años empecé a dar clases de tenis. Llegue a jugar bastante bien pero arranqué a los 14 años y ya es tarde, sos viejo. Me entrené y jugué con De la Peña que es de mi época. Siempre me dedique al tenis como una actividad secundaria, pero que me rendía.

 

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