No existe una literatura de la felicidad

Published on Abril 7th, 2013

Una entrevista al escritor Pablo Ramos. Un viaje por los límites del fantasma.

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“No disfruto escribir el primer borrador. Corregir sí, pero hasta que sale ese primer borrador, es un parto. Tengo la cabeza metida ahí, no pienso bien en lo práctico. Y es un problema, porque tengo hijos… Pero no puedo no estar así, a medias tintas. Entonces no me comprometo con nada, estoy todo el día acá adentro. Hace dos meses que estoy encerrado. Si me sale lo que estoy escribiendo, me retiro”.
Acto seguido, nos pide disculpas. Sucede que en dos oportunidades anteriores, llegamos a la puerta de su casa pero no pudimos cruzar el umbral. Sabíamos que Ramos estaba adentro, incluso una vez, por la ventana, creímos verlo durmiendo en un colchón, pero simplemente no podía abrirnos. Nos vuelve a pedir perdón, nos dice que su vida es un desastre de excesos, que duerme poco y en cualquier momento, mientras sirve cerveza negra y nos convida con una picada. Luego, retoma lo que venía diciendo:
“Creo mucho en la corrección, un escritor es serio si corrige, creo lo contrario de César Aira: uno tiene que mantener lo máximo posible fuera de publicar. Casi tengo lo mismo publicado que inédito. Por ejemplo, ahora tengo cuatro novelas muy avanzadas, y ésta que estoy escribiendo ahora, Los ángeles también deben morir, con más de cien páginas escritas, todos los subtítulos, el perfil de los personajes, el desarrollo. Más o menos en siete meses escribo un borrador, pero estoy dos años corrigiendo. Creo profundamente que escribir es corregir, en una dinámica con el espíritu de uno, como un trabajo espiritual, que entra en sintonía con la vida y con la evolución. Corrijo y me transformo, porque uno corrige personas, no textos, uno se corrige en el texto. Lo decía Santa Teresa: Las palabras llevan a las acciones, alistan el alma, la ordenan y la mueven hacia la ternura. Lo decía 500 años antes de Lacan.

El realismo místico

Son las 2 de la tarde en el barrio de La Paternal. Hace un calor infernal pero igual le pedimos apagar el ventilador, porque puede interferir en el sonido de la grabación. Somos cuatro y un perro en un cuarto pequeño con una ventana a la calle donde circula poca gente que en general él saluda. Estamos sentamos alrededor de una mesa ratona improvisada. Hay un escritorio saturado, un armario y un colchón. Nos cuenta que extraña la máquina de escribir, pero a raíz de una tendinitis que lo hacía llorar y que combatía con parafina, tuvo que reemplazarla por la computadora. Nos muestra una carpeta donde hay cientos de hojas, algunas todavía escritas a máquina -con agujeros de tan duro que le daba- donde arma los esquemas, los personajes y un diario de cada uno de los capítulos. “Todo esto tiene que haber para que me tome en serio una novela. Esta última tiene 21 capítulos. A veces sé más o menos cuántas páginas va a tener, porque tengo la novela en la cabeza.” Nos cuenta que en septiembre sale la trilogía (El origen de la tristeza, La ley de la ferocidad y En cinco minutos levántate María) en una editorial nueva fundada por el nieto de Carlos Barral, que se llama Barril & Barral. “Capital mexicano, mucha guita. Son los primeros libros que sacan en español original y se va a vender toda junta en un box”.

Pero en realidad esa trilogía va en aumento, o no es tal, porque está también El sueño de los murciélagos…
Mirá, yo soy bastante místico. Restrepo dice que inventé el “realismo místico”. ¿Viste la regla de tres en el universo? Entre otras cosas, habla de que físicamente un plano puede apoyarse en otro plano, como mínimo en tres puntos y como máximo también. Creo que es una trilogía porque son puntos de apoyo, mientras que los demás textos no. Los demás completan, tapan huecos, narran otros aspectos, otros puntos de vista de esa trilogía, pero la gravedad la ejerce la trilogía. Si existiera solo La ley… la idea de mi padre sería horrible. Como todo plan, se me desordena un poco, pero esta manera de crecer es como de fractales: crezco en un orden que no parece un orden… como vivo. Cuando pienso eso, me tranquilizo. Si no, sumado a lo culposo que soy, sería tremendo.

En tu último libro, El camino de la luna, está Gabriel, pero también hay un Hernán, y estás vos en la dedicatoria.
Yo me llamo Hernán de segundo nombre. Y Gabriel Alejandro es mi hermano. Ese cuento de abuso nunca lo podía escribir, entonces haberlo puesto en tercera persona, poniéndole otro nombre, Hernán, era la única forma.

Tuviste la necesidad de sacar a Gabriel de ahí.
O no. Tal vez se llame Gabriel Hernán Reyes. En la dedicatoria necesitaba que fuera Pablo. Si la hubiera escrito Gabriel, habría sido un hecho de impunidad, no un hecho literario. Decir mi nombre fue una manera de hacerme cargo. La llave es moral: en qué momento la verdad se hace literatura y en qué momento se prostituye. Lo mío es una respuesta estética a un dilema moral.

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Con la sexualidad vinieron los quilombos

Ramos nos cuenta extensamente el argumento de su nueva novela, en la que continúa la historia del cuento “El ángel del bar”. Está narrada por el polaco y cuenta la historia de su amigo, quien compra una mansión en Flores y vive con sus hermanas (una siente ser una sirena; la otra, un vampiro) un triángulo amoroso sin sexo. Y concluye: “Yo escribo según el impulso de cómo me siento. En estos días que estoy medio bajón, estoy con esto de la inocencia, anhelando mucho la época que no tenía quilombos. Básicamente, con la sexualidad vinieron los quilombos. Después les muestro el tráiler de El origen de la tristeza que se está filmando; ves cómo se relacionan esos nenes a la edad de 11 años… Era para congelarse ahí”.

Antes de la tristeza…
Claro

Pero después vino la literatura también.
Sí, pero la literatura viene anhelando lo perdido, como un salvavidas. Ojalá no hubiera venido. No existe una literatura de la felicidad: el lugar desde donde se sienta a escribir un escritor es siempre desde la pérdida. Bien agustiniano: busca revivir aquello. Para mí, el hecho artístico es superior a la vida, porque la belleza, la forma, es lo primero, lo que posibilita narrar la esencia espiritual de lo vivido. Como diría Jung. “La esencia espiritual de lo vivido es lo digno de ser narrado”. O como dice Onetti en El pozo: “Los hechos están desprovistos del alma de los hechos”. Los hechos por sí solos no son nada.

¿Es posible narrar eso o es una búsqueda?
Yo creo que es como un fantasma, al que uno a veces se acerca. Sobre todo, me pasó con María…, conviví con esa novela un año y medio, aislado en Alemania, en Marte, porque yo no hablo inglés, menos alemán. Y de repente, verlo al fantasma que se asoma, eso que uno busca, existe. La forma literaria, el estilo y el lenguaje, es como una frontera exterior: un contorno del fantasma. Por eso es absurdo hablar del estilo de un escritor si está vivo. “Ya ese punto lo toqué, ahora voy en busca de otro punto”. Cada libro mío es distinto. Cuando saqué el primer libro de cuentos, hablaban del estilo franciscano de Ramos. ¡Qué franciscano, si yo soy barroco! Pero como corrijo un montón… En esa época buscaba una cosa muy exacta. Ahora, nada que ver, siento una libertad en la forma, que nace de haber manejado la estructura, de conocerla, de saber adónde voy. Antes si se me iba, me perdía. El origen… está escrito así porque en esa novela hice mi aprendizaje, y no lo cambiaría porque así tiene que ser. Medía cuántos adjetivos escribía, ¡los contaba! Hoy no me importa nada, estoy en otro lado, pero porque pasé por ahí. Como cuando lo escuchaban a Lito Vitale tocar “Merceditas” todo deforme. Cuando lo conocí tocaba folclore perfecto, como Los Chalchaleros. Pero después de conocer eso, se da un paseo por otro patio.

Me quedé con eso del contorno del fantasma: en el último cuento de El camino de la luna,  “Nadar en lo profundo”…

Es una reivindicación de mi padre…

Sí, por primera vez tu papá aparece en otro lugar. A mí me llamó la atención,  tal vez por cierta proximidad en el título, el parecido con “Nadar de noche” de Juan Forn. Y también leí una entrevista que te hicieron donde hacían una analogía con El gran pez  ¿Es la literatura una forma de acercarse al fantasma del padre?

Sí, pero de atravesarlo. Esa frase de Lacan: “hay que ir más allá del padre”, para mí es: “hay que ir más allá del amor del padre”. La única manera de encararlo de frente es escribiendo. Yo igual le debo todo a mi madre, es el ser más importante de mi vida: Ramos es el apellido de ella. En un diario suyo dice que su sueño es que yo sea escritor, cosa que nunca imaginé. Sí ser estrella de rock, pero la literatura era el plan b. Pasa que tocar un instrumento perfecto exige muchas horas. Como yo no podía tener ese tiempo, por laburo, hijos, surgió escribir. ¿Vamos a comprar una birra?

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