“Mientras haya gente, no va a funcionar”

Published on agosto 19th, 2014

Hace ya un tiempo, difícil precisar cuándo, estuvimos charlando con Vera Fogwill. Su experiencia como directora de cine, su familia menos conocida, el kirchnerismo y -precisamente- el paso del tiempo, fueron algunos de los temas.

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“Hay una teoría que a mí me encanta: Las películas no se mueren nunca; uno las deja morir. Porque si no, siempre hay algo que hacer, algo que se proyecta, una charla… La dieron en I-sat y en Incaa tv, y entonces, me empiezan a llegar mensajes y digo: para mí estamos fuera de frecuencia. Por ahí la pasan en una retrospectiva afuera, tiene su vida. Para mí ya está la película, no la veo tampoco”.

Y… pasó un tiempo ya de Las mantenidas sin sueños
¡La nena cumplió dieciocho! Empezamos a trabajara con ella ocho meses antes de rodar, mostrándole películas para que saliera de la estética de los niños, para que viera una cantidad de películas donde los chicos trabajan de una determinada manera. Seleccionamos más de veinte películas y las fuimos viendo. Era tomar la merienda, conocerla, hacer un miniguión para ella, contarle la historia de la nena como si fuera una nena de verdad. Tenía prohibido estudiar de memoria. Ensayaba las acciones y después a todo ese sistema de acciones le poníamos la letra, porque los chicos cuando dicen un texto se ponen muy duros, pero si ya están acostumbrados a hacer las cosas hablando, va surgiendo. Era nuestra manera de trabajar.

Me intriga mucho saber cómo se te ocurrió la historia
Es tan raro, tenía 24, 25 años, estamos hablando de más 15 años atrás, en ese momento era el auge del nuevo cine argentino, prácticamente sin actores, después se convertían en actores porque hacían muy bien los papeles, pero me interrogaba mucho sobre eso. A mí, que estudié teatro desde los 8 años, que egresé del conservatorio, que tengo una formación, me resultaba impactante que una persona que, por ejemplo, vende bulones, se pone a hacer una película, y va y gana el Bafici. Era un fenómeno muy interesante para pensar. Lo que creía en ese momento era que tenía que ver con que los directores de la nueva generación no eran directores que supieran manejar actores, y, es mucho más fácil amoldar a alguien que no tiene un cuestionamiento que a un actor que te cuestiona. Martín (Desalvo, su expareja) quería hacer una película pero nunca hacía nada, entonces dije “bueno, voy a escribir un guión y que Martín haga su película”. Y, en el transcurso de la escritura de todo el libro -que no fue muy largo en su primera versión- obviamente él me dijo “me parece que hay que codirigirla” porque había muchas puestas de cómo hacer el trabajo. Igual el trabajo con los actores lo iba a hacer yo. A mí me gusta mucho trabajar con gente con la que tengo alguna afinidad, con la que tengo un vínculo. Me seduce mucho más trabajar así que con alguien a quien admiro muchísimo pero con quien no tengo ninguna vinculación personal. Cuando terminé de escribir el guión, yo no iba a actuarlo, y Martín empezó a insistir. Yo no quería saber nada. Buscamos algunas opciones. Se lo di a Natalia Oreiro y le encantó. Nadie le había ofrecido un papel en cine y dijo “sí, sí, lo hago”.  Me seducía mucho trabajar con ella y sacarla del rol que tenía. Me dijo que sí, le encantó el guión, pero ¡oh casualidad! en breve la llamaron para hacer otra película. Y entonces dije “no, no será”.

¿Vos por qué no querías actuar?
Estaba cansada, había hecho diez versiones del guión, ya estaba, había ganado el premio del INCAA, tenía plata, había conseguido coproductores. Y en un momento dado me senté con José María Morales, que es el productor de Wanda, y me dijo “pero Vera en esta película tenés que actuar vos” Y para trabajar con la nena era lo más práctico del mundo. Entonces se fueron dando esas condiciones, y la verdad que yo nunca tuve presente que tenía que actuar en la película, fue el problema menor. Era un personaje que yo tenía muy claro, estaba como muerto, era actuar la muerte. La fuerza de lo vital era la nena y el ‘no estar’ era  de ese personaje. No te voy a decir que no me demandó, pero tenía muy claro para dónde iba.

En las entrevistas del estreno se preguntaba mucho sobre el feminismo, si es una película feminista, iban y volvían sobre eso
Sí, eso me lo tenía de memoria “¿Es una película feminista?” “No, es una película femenina” Es el tiempo de un embarazo, no es  que sea feminista.

La película habla de los tiempos de la democracia…
Yo creo que la película estaba observando un problema, un agujero social que había en esos años. Había una abulia que a mí me llamaba soberanamente la atención. Será porque yo nunca tuve abulia. No podía entender al que no tuviera una motivación, al que no tuviera ganas de pensar. Había un estado de entrega muy alto. Eran preguntas que yo me hacía: qué estás haciendo, qué pasa con tu vida, qué es este mundo. Y creo que eso está en la película, puede ser que yo tenga una estética más emocional que híbrida. No me gusta lo híbrido, me aburre. Llamo híbrido a la cosa donde la distancia emocional es muy grande. Y no me interesa porque en mi vida pasan cosas todo el tiempo. No me interesa ese cine argentino mudo, donde nadie habla y estás acompañando a un personaje. En mi vida pasan cosas, la gente grita, se pelea, hay problemas, es un devenir. Ridículo el cine sin diálogo. Si en la vida uno puede hablar una hora y media ¿por qué no puede haber una película de una conversación de una hora y media? ¿qué es cinematográfico? ¿qué no es cinematográfico? ¿hasta qué punto se puede pensar un arte que tiene cien años? Hay mucho por investigar, hay mucho por pensar. Se entabla una forma de cómo tienen que ser las cosas cuando las cosas no necesariamente tienen que ser así. Está bueno saber cómo se hicieron las cosas, quiénes las hicieron bien, tomar como referencia, ver quién te gusta, por qué te gusta, cómo lo piensa, cómo lo arma, pero hay un punto donde realmente me parece que hay que permitirse el hecho de poder salir de lo que se permite hacer aunque sepas que no es el momento, que no está de moda.

La película logra transmitir una cotidianeidad que muchos no saben cómo abordarla. Está muy  bien logrado el tema de la droga, de la maternidad, de la familia y sirve para pensar la sociedad en democracia…
En Las mantenidas está la deconstrucción de la familia.También pensá que la familia es el estándar de la derecha o de la dictadura, entonces lo primero que se va a desarmar es una institución como la familia.

¿Te dan ganas de hacer otra película?
No. Sí me interesaría volver a retomar un proyecto de México que fue muy interesante y que no concluí, me gustaba ese equipo de trabajo pero no sé si como directora.

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¿Te sentiste cómoda escribiendo?
Lo que pasa es que a mí no me gusta lidiar con la gente. De hecho no hago teatro porque  pienso que tengo que hablar con diez actores. Es un mundo que tiene una banalidad tan presente que a mí me cuesta mucho. Hay gente maravillosa pero a mí me gusta estar al margen.  Escribir me demanda tiempo, decisión, concentración, esfuerzo. Yo no cumplo un horario pero trabajo todos los días. Así no me den trabajo yo estoy trabajando, estoy generando, pensando, armando. Me encanta el trabajo de pensar una película. Y en el día a día me encanta también un rodaje pero así soy tanto más libre. Y no estoy dispuesta a renunciar a esta libertad para hacer una película.

¿Y de actuar te dan ganas?
Tiene que ser una cosa que me guste mucho, algo que me interese. El director me tiene que interesar, me tienen que interesar el guión y el personaje. Este tiempo me han ofrecido unas cosas que la verdad es que no ameritan moverme de mi casa.  Tiene que haber un desafío, no te digo que sea una maravilla pero un mínimo desafío, algo que yo diga “bueno esta es una jugada, está bueno”.

¿A los 14 años escribiste una obra?
Sí, y la primera obra que monté fue a los 16, se llamaba Abre el ataúd que yo me encierro, e inauguré el Teatro Babilonia . Tengo críticas de Humor.

¿Qué año era?
Y no sé, yo estaba pasando a quinto año del colegio. Yo escribía escenas en el taller de Cristina Banegas para hacer con mis compañeras porque no encontrábamos obras -que no fuera Bernarda Alba– donde hubiera mujeres de nuestra edad. Entonces Cristina había dicho “este año vamos a trabajar autores nacionales, tienen que ser obras argentinas”, y siempre estábamos con Griselda Gambaro, todo era de ella, el segundo año seguíamos con Gambaro. Entonces empecé a escribir escenas y Cristina decía “¿esta escena de quién es? está interesante”, yo le tenía prohibido a mis compañeras decir algo, y Cristina seguía “pero estas escenas parecen todas una obra en común ¿de quiénes son?” y entonces dijeron “ella escribe”. Cristina agarró y dijo “pero esto es toda una obra, yo tengo una alumna de dirección -que para mí era regrande, tenía 21- que quiere dirigir una obra”. La trajo, vio las escenas y dijo “yo dirijo esta obra”. Empezamos a ensayar y se armó la obra y se hizo un grupo que se llamaba Las mutantes. Y con mi obra abrió el Teatro Babilonia. Yo hacía las funciones y después entraba Tato Pavlovsky.

¿Tu mamá a qué se dedica?
Mi mamá cuando yo nací era modelo y actriz under, y ahora no es nada de eso; es psicoanalista, tiene una fundación, fundó HERMANOS. Y ella trabajaba en cine político, todas las películas en que mi mamá trabajó fueron censuradas y destruidas pero en el Bafici de hace cinco años hubo una retrospectiva  de cine político restaurado y hay un par de películas donde actúa mi mamá de  protagonista con Carnaghi, una de Ludueña que se llama Alianza para el progreso. Películas muy políticas, que fueron censuradas. De hecho mi mamá dejó todo porque desaparecieron todos menos ella y Carnaghi.

¿Se quedó acá tu vieja durante la dictadura?
Sí, se quedó acá. Pasa que mi abuelo era dirigente del ERP. Era militante de la cuarta internacional en Francia y acá  en Buenos Aires fue uno de los dirigentes del ERP.

¿Cómo se llama tu abuelo?
Viste el libro de Padura El hombre que amaba a los perros, bueno Raymond Molinier, el secretario de Trotsky. Mi mamá se llama Juana por la mujer de Trotsky y yo Vera por la secretaria. Vera fue la mujer de mi abuelo. Mi abuelo sacó a Trotsky de Europa. Y después sacó al hijo.

Y se vino para la Argentina
No, se fue a México. Estuvo en México, en Brasil, fue fundando el movimiento trostkista en toda América Latina. Mi abuelo me enseñó mucho, tuvo mucho que ver en mi manera de ser. Mi abuelo era un lord, era un pensador, no era un  obrero de la fábrica. Salvó a millones de judíos, montaba circos y sacaba judíos de Europa. Me acuerdo de tener 11, 12 años y mi abuelo se iba a Brasil a ver a Lula, porque en ese momento Lula era uno de los dirigentes…O se iba al sur de Brasil a hablar con Nahuel Moreno, con Zamora. Yo escuchaba cosas, mi abuelo me enseñó muchas cosas. Mi  abuelo era francés y mi abuela era belga así que…

¿Y los dos vienen para acá?
Mi abuelo se viene con Vera, lo lleva a Trotsky a México.  Y Trotsky habla de mi abuelo como el sucesor de…

¿En serio?
Claro.

Y mirá, tanto que te cargan con el legado de  tu viejo.
Sí… mi abuelo es muy importante porque eso tiene mucho que ver con toda mi formación. El primer libro que me regaló mi abuelo – más allá de El capital y miles de cosas así- fue el libro de arte de Rosa Luxemburgo, dedicado a Marx y Engels. Lo que era el arte para él, qué significaba el arte, porqué uno tiene que hacer arte. Y era un tipo increíble. Y en su vejez estaba triste porque siempre pensaba que iba a haber una revolución, una huelga…y entonces me mostraba que había una huelga en Salta…

¿Y en el 2001 vivía?
No, se murió cuando yo tenía 15 años.  Toda una historia que marcó mucho a mi familia.

¿Cómo te cae el kirchnerismo?
Uy, nunca me preguntaron. A ver yo te voy a decir lo que yo pienso, con toda mi verdad. No me  cae ni mal ni bien. No creo en este sistema, venga quien venga. A Cristina le tengo como un cariño, la respeto como mujer. O sea no quisiera estar en su pollera nunca jamás en la vida, no sé cómo dormiría en su lugar. Me parece un rol muy muy difícil, y me parece un rol que lo deberían desempeñar más las mujeres que los hombres. Yo putearía mucho más, insultaría mucho más y sería muchísimo más autoritaria. Así te lo digo, o sea todo lo que le critican al kirchnerismo…yo tengo que pensar si fuera yo: “¿sabés qué? Se callan” O sea: está votada por la sociedad para que dirija un país y hay que dejarla que pueda llevar a cabo lo que ella opina. Para mí no va a funcionar pero no va a funcionar el sistema y no va a funcionar nadie porque el mundo está pensado de una manera que se  opone al mundo que la gente quisiera utópicamente. No sé qué decirte: no voy a hablar mal de Cristina, no voy a hablar bien tampoco, no voy a hablar de nadie. Yo observo, va haciendo cosas que otros no hicieron, me parece que se le oponen demasiadas boludeces porque hay mucho blablá. Mi mamá se pudo jubilar y laburó toda la vida, y lo hizo ella, yo se lo agradezco en ese punto, o sea las cosas concretas que hacen. Porque fue una laburante toda su vida pero no le alcanzaba para poder pagar; no es que era una vaga. A ver, la gente es muy garca. Lo que espero, mínimamente, es que el ser humano se vaya a abolir a sí mismo y nazca una nueva especie. Porque mientras haya gente, no va a funcionar.

Entrevista: Violeta Rosemberg
Fotos: Isabel Estruch