Fútbol y Bohemia

Published on Abril 30th, 2013

La polémica de Gardel en Barcelona

                    “Así, cuando el fuego de la pira
haya consumido mis restos, aún viviré, y será
     inmortal la parte mejor de mi existencia”.
Ovidio

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No son nuevas las disputas entre los historiadores gardelianos. Pero las repercusiones provocadas por la aparición del libro Todo puede servir para iluminar alguna cosa, del investigador uruguayo Bruno Brindisi, desencadenaron una polémica insólita, porque la mecha se encendió en Barcelona e involucra a actores que, también, se estrenan en las batallas de interpretación sobre la vida de Carlos Gardel. Esta polémica volvió a dimensionar el hechizo provocado por el tango, la danza y los músicos en la sociedad barcelonesa.

Con una quizás estudiada eficacia, Brindisi consigue invocar la reacción rauda y los descargos de varios escritores y cronistas, y las respuestas furiosas de familiares de futbolistas. Uno de los puntos que llamaron a escándalo gira en torno a los pasajes del libro que describen los comportamientos en las soirées. “Muchas de las semblanzas que realizan los historiadores catalanes parecen recortes de las noticias de sociedad de la época”, provoca Brindisi, y sostiene que nunca ha sido desmentida convincentemente una cierta fama de gigoló que cae sobre Gardel: “Lo cierto es que antes de triunfar en el Armenonville de Buenos Aires, ya había tenido íntima amistad con varias propietarias de casas de señoritas, entre ellas Madame Jeanne*. En París, con Madame Billy*. En Barcelona, es famosa su amistad con la encumbrada Isabel Llorach*, que le abre rápido las puertas de los círculos selectos. Hace pequeños recitales en su residencia particular de la calle Muntaner. Luego también con otras damas de la nobleza, entre ellas Sally de Wakefield*, la baronesa, quien financió parte de sus filmografía parisina”. Brindisi se pregunta, entre la complicidad y la retórica: “¿Hay que tomarse el trabajo de describir el espíritu que animaba esas actividades?”.

 

Barcelona

“Barcelona era la continuación de nuestra calle Corrientes.
Todo lo que era argentino era de moda”.
 E. Cadícamo

Barcelona vivía lo que el investigador Xavier Febrés definió como “la fiebre del tango”. La prensa enviaba cronistas para cubrir el arribo al puerto de  Carlos Gardel, “quien se considera ya un barcelonés más y conoce a sus gentes, y ofrece con sus sonrisas y sus gracias un encanto de juventud, de alegría” (Diario de Barcelona, 10/11/1927). Es en esta ciudad, más precisamente en el Hotel Oriente, donde Cadícamo escribirá la letra de Anclao en Paris. Era Tangópolis. Es Febrés el principal referente al que decide enfrentarse Brindisi. Si el gardeliano catalán presenta una entrevista en la revista El alma que canta, 6 de abril de 1926:

−¿Dónde tuvo más aceptación?
−En Barcelona. El público catalán es sentimental. Gusta mucho del tango. Y me aplaudió a rabiar.
−¿Fue bien aceptada la música criolla?
−¡Imagínese! Un delirio. El tango es hoy en España tan popular como en Buenos Aires.

… Brindisi, en su libro de ruptura, incluye un reportaje de marzo de 1926:

¿Tiene aceptación la música criolla en Barcelona?           
−Una aceptación loca.
−¿Cómo terminó la temporada?
−Como la había empezado, brillantemente. Las damas de Barcelona organizaron una manifestación en mi honor, para la noche de mi beneficio, que… vamos…

Brindisi plantea Todo puede servir… casi como un palimpsesto, en donde intenta reescribir y responder todas las crónicas de Gardel en Barcelona, y agrega nuevas fuentes, como el libro Carrer dels Enamorats, donde se recogen las memorias del humorista Saldaña Beut: “De todas las comarcas venían coches llenos de admiradores, para escuchar los tangos de Gardel, que hacían olvidar la música de jazz y el charlestón. Las mujeres se volvían locas por Carlos Gardel. Se decía que algunas damas se habían suicidado por él, plenas de amor. Ninguno podía disputar con Gardel la supremacía”.

Carlitos hacía estadías en Barcelona en cumplimiento de los contratos con la industria musical. Graba gran parte de su discografía, con el flamante sistema eléctrico, en los estudios de la casa Odeón del barrio de Le Corts. Es en ésta época cuando se hace amigo de los jugadores del F.C. Barcelona. El capitán Josep Samitier, el delantero Piera y el portero del Espanyol, Ricardo Zamora, “se convirtieron en sus cicerones de la vida recreativa de la ciudad, sobre todo a partir de la siguiente estadía, más larga y desocupada, de 1927-1928”, relata Xavier Febrés.

Tanto él como Brindisi utilizan las palabras del poeta Rafael Alberti para relatar el episodio histórico que termina de sellar el vínculo con los jugadores del Barça:

Fue en Santander: 20 de mayo de 1928. Un partido brutal, el Cantábrico al fondo, entre vascos y catalanes. Platko, un gigante portero húngaro, defendía como un toro el arco catalán. Hubo heridos, culatazos de la Guardia Civil y carreras del público. En un momento desesperado, Platko fue acometido tan furiosamente que quedó ensangrentado, inconsciente, a pocos metros de su puesto, pero con el balón entre las manos. Fue sacado del campo, sembrando el desánimo. Pero, cuando ya el partido llegaba al final, apareció Platko de nuevo, la cabeza vendada, fuerte y hermoso, decidido a dejarse matar. La reacción del Barcelona fue instantánea. Pocos segundos después, el gol de la victoria penetró por el arco de la Real. Por la noche, en el hotel, nos reunimos con los catalanes. Y una persona que nos había acompañado durante el partido cantó, con verdadero encanto y maestría, tangos argentinos. Era Carlos Gardel.

Alberti publicará en mayo de 1927 un poema llamado Platko  (No, nadie, nadie, nadie / nadie se olvida, Platko. / Ni el final: tu salida, / oso rubio de sangre, / desmayada bandera en hombros por el campo).

Aunque la amistad de Gardel con Samitier y sus compañeros es irrefutable, en Todo puede servir… se lleva una línea de interpretación hasta consecuencias inéditas. Aquí abre el uruguayo otro frente de discordia:

El ambiente del fútbol ya estaba envuelto en el aura que mezclaba la prosperidad económica, la celebridad, las facilidades para los trámites amorosos, una inclinación a distenderse en los tiempos de ocio. Junto al tenor Miguel Fleta, a  Santiago Rusiñol, Gardel y su barra catalana iban a pie bajo esas lunas impetuosas, pasaban las noches recorriendo ese barrio estridente, donde se mezclaban los olores de los caldos, los carros, los maquillajes, las aguas sucias, los cabarets.

“Es un charlatán despreciable”, replicaron desde el Museo del Barça, tomando la voz de las familias de los futbolistas mencionados en el libro. Los descendientes de Piera, el noi de Can Bruixa, apoyados por los historiadores y documentalistas enfrentados a Brindisi, realizaron recientemente un recorrido por las radios para denostar al escritor. “¿Os dais cuenta con la desvergüenza que habla este canalla?”, fue la frase más repetida frente a los micrófonos.

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Partido del Barcelona con Liga Bonaerense agosto 1928 foto 4 detalle

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