El Mercado, un trabajo de equilibrista

Published on Abril 28th, 2014

El director de Construcción de una ciudad estrenó su documental sobre El Abastoequilibrio

Si hubiese que nombrar un mérito que se destaque por sobre los tantos otros en el nuevo documental de Néstor Frenkel, se podría decir que es su funambulismo. Ese delicado equilibrio que acompaña toda la película, y que parece que en cualquier momento va a perderse, es la polisemia al servicio del espectador. Porque es sabido que el sentido se completa en el público, pero en El Mercado se convierte en su piedra fundacional.

El centro geográfico de la película es el Mercado de Abasto. Frenkel nos cuenta el devenir de esa monumental construcción arquitectónica, que hoy, al igual que ayer, se erige como meca del consumo: ayer, productos que cubrían necesidades básicas, hoy, básicamente, bienes nimios. Pero a lo largo de la película no hay un desbalance que permita pensar que antes era mejor, ni lo contrario. O, como explícitamente Pedro Saborido remarca en el documental: “no sé si antes era mejor, en realidad a mí eso me chupa un huevo”. No sabemos si a Frenkel le importa, o no, pero no lo dice. No baja ninguna línea, deja para los espectadores esa parte. No hace de El Mercado una película “pedagógica”, ni una crítica de la sociedad de consumo, pero tampoco un institucional del Shopping . Y no es un dato menor si tenemos en cuenta que la génesis del proyecto no surgió de la cabeza del director, sino que es un trabajo encargado por  alguien que forma parte de la empresa que maneja el centro comercial. Al respecto, Frenkel planteó en la presentación en el Bafici, que no siente ninguna diferencia entre su última película, y aquellas que sí mentó. En la misma charla repitió, con una sonrisa, la respuesta que alguien del público dio, cuando otro espectador le preguntó qué lo llevó a filmar este film: “el mercado”, se adelantó el de la platea. “El mercado” corroboró Frenkel sonriendo. Y otra vez la polisemia.

Pero si el equilibrio -que podríamos simplificar entre la apología y la crítica, entre el sentido literal y lo irónico- es su gran mérito, no es el único. El film se sostiene en la habilidad que tiene el director para retratar personas (porque los que aparecen contando la historia del mercado, del barrio, o de Gardel, son personas), y como pasa en todos sus documentales, importa mucho lo que dicen, pero al mismo tiempo que cuentan lo que cuentan, hablan de ellos, y en el testimonio se escucha, en un sentido más amplio, su historia. Esa doble narración Frenkel la capta a la perfección en todas sus películas, y lo hace con humor: siempre presente, siempre constitutivo.

El Mercado es un film entretenido que cuenta la historia de un edificio y un barrio emblemáticos, con un pasado que es también presente. Distintos momentos que se cubren como capas, pero que siguen estando. El Abasto cambió mucho pero también es el mismo, y Frenkel lo hace nítido. ¿Qué hacemos con todo esto, qué juicios elaboramos, qué pensamientos o qué sentimientos emergen? ¿Qué reflexión nos provoca? Eso, está claro: es a gusto del consumidor.