Arte Correo, un arte en red

Published on mayo 10th, 2013

“Un arte tocable que se aleja de la posibilidad de abastecer a una `elite´ que el artista ha ido formando a su pesar, un arte tocable que pueda ser ubicado en cualquier `hábitat´ y no encerrado en Museos y Galerías. Un arte con errores que produzca el alejamiento del exquisito”.

Edgardo Antonio Vigo

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Sin nostalgias y como un hecho inevitable, es sabido que en nuestros tiempos gran parte de la correspondencia postal queda reducida a facturas de servicios, folletos publicitarios o revistas destinadas a un lector suscripto. Tampoco es llamativo que las ideas se escriban de manera inmediata, efímera y locuaz en ciento cuarenta caracteres, o que millones de siluetas virtuales no cobren jamás forma humana. Sin embargo, existe, o mejor dicho, subsiste, un movimiento llamado “Arte correo”, que reúne todas las condiciones de la comunicación artística moderna; pero, a su vez, sostiene hábitos de otros tiempos… por ejemplo, aquellos en donde las personas abrían sus puertas para estrechar manos y cartas. Y si bien la esfera del Arte se presenta compleja e intrincada, desde la década del sesenta, este movimiento le circula periféricamente a su centrismo elegante y mercantilista.

Su razón de ser es rebelde. No desea convertirse en un bien de cambio (sí de intercambio). No pretende tener un espectador pasivo que lo respete silenciosamente, ni tampoco permanecer en una estática sala de coleccionistas privados. El arte correo es una red que prefiere circular con énfasis colectivo. Quiere ir y venir. Manosearse. Dar mil vueltas al mundo y luego volver a su destino de origen, metamorfoseado. En síntesis: prefiere jugar en una red sin control, con una única regla: no tener reglas.

Con ganas de profundizar sobre el tema, fuimos a ver a Diego Axel Lazcano, Norberto José Martínez y Samuel Montalvetti, tres arte correístas argentinos que nos ayudaron a pensar esta forma de concebir el arte con opiniones no siempre encontradas.

 

Concepto

¿Podríamos tomar como antecedente de arte correo las cartas de Vincent van Gogh a su hermano Théo? Podríamos. Allí, además de confesiones desesperadas sobre su estado anímico, había bocetos y un inagotable diálogo estético. No obstante, desde este punto de partida dejaríamos ausentes todas las intencionalidades con las que se construye. Entonces, mejor hacer referencia al artista norteamericano Ray Johnson como uno de sus precursores; sobre todo, cuando en 1955 introdujo obras suyas en diferentes sobres y se las envió a doscientos contactos. Para Lazcano, ese gesto artístico, lúdico y desafiante dio comienzo a todo lo que vino después.

Con el correr de los años, esta red de arte y comunicación fue creciendo de manera rizomática y sostuvo un principio, aparentemente simple y determinante: los elementos artísticos que se ponen en movimiento postal no se subordinan a la lógica mercantilista. Es decir, nada se vende ni se compra, el arte correo se vive. Incluso, en su estilo insurrecto y conjurado, desafía la categoría de autor, dado que muchas veces sucede que una misma obra se genera a partir de un trabajo colectivo. Mencionar “mi obra”, “tu obra” es inútil. La producción es colectiva y se desarrolla en una red solidaria y amistosa.

Norberto Martínez, uno de los integrantes de 4 Gatos – Espacio de Arte, lo define como el arte de lo posible, porque no solo permite la difusión de los trabajos propios, sino que además se llevan a cabo muchas de las expectativas artísticas, desarticulando rígidos interrogantes con los que se enfrenta a la Institución Arte. Martínez recuerda que, en sus comienzos, el circuito era acotado y que, en muestras de artistas reconocidos, aparecían los llamados para participar del arte correo. “En el mismo pedestal que encontrabas el elegante catálogo, encontrabas papelitos con convocatorias”. Ahí, en ese pequeño papel (puesto como al pasar), es donde el arte correo se burla y le escapa a la falsa sacralización, para posicionarse en contra de la institución y su comercialización en los espacios legitimados. Ahora la obra puede ser tocada, manipulada, intervenida. Es posible poseerla y modificarla. Edgardo Antonio Vigo, uno de los máximos exponentes del arte correo, declaraba que no había más contemplación, sino actividad; no había más exposición, sino presentación. Sin original, ni autor, ni jerarquías es, precisamente, con la intervención del otro participante que se inicia el diálogo. Cualquier persona con acceso al correo tradicional puede practicar este arte postal, y quedó claro en su manifiesto de 1992, en el “Congreso descentralizado”: donde se juntan dos personas y hacen una acción de arte correísta, convierten ese espacio en una sede de arte correo.

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